Nunca antes en Colombia se había vivido tan alta tensión en las relaciones exteriores. Los recientes acontecimientos en los que se le dieron de baja a Raúl Reyes –dándole un duro golpe a la célula madre del movimiento terrorista- han sido la fuente para que los vecinos más cercanos sacaran las garras y amenazaran nuestra seguridad nacional ya de por sí amenazada por los enfrentamientos internos.
Colombia no se puede dar el lujo de tener un conflicto a nivel internacional, debe concentrar todos sus esfuerzos en limpiar de terroristas insurgentes el país, siguiendo la política de seguridad democrática del presidente Uribe, vemos que paso a paso se puede ir erradicando ese mal que parece nacer en cada rincón del territorio nacional. Tampoco lo puede Ecuador que se veria fácilmente diezmada por nuestras fuerzas militares que superan a los de ellos por más de diez veces. El gobierno de Uribe cometió dos errores fundamentales que agravaron los hechos evidentes de la violación a la soberanía del Ecuador. Sin embargo, hace bien el gobierno Uribe en escudarse en la resolución 1373 de 2001 en la que se condenan las prácticas terroristas así como también la prohibición de gobiernos de dar cualquier tipo de ayuda a grupos de tal índole.
No es este el punto, el punto central es la falta de delicadeza diplomática con la que se debió haber manejado el tema. Una simple llamada del presidente Uribe, en la que se le explicara con detalles desde el principio la operación y se le pidiera disculpas al país hermano hubiera bastado para callar la imprudente boca del presidente Correa. En cambio, el presidente Uribe optó por ofrecer una verdad vaga, carente de todo sentido de seriedad –cosa que provocó la ira de su homologo- mientras que debió haber dispuesto todos los mecanismos de la diplomacia desde el primer momento. Tampoco tuvo en cuenta el presidente Uribe –ni su Canciller- la posición que adoptó en un comienzo el presidente Correa, cuando todavía era temprano para pedir una disculpa no sólo pública –como ya se hizo reiteradamente- sino formal, con el compromiso estricto de combatir el terrorismo dentro de nuestras fronteras pero logrando que Ecuador también se comprometiera a perseguir a los bandidos que se esconden en su territorio.
El segundo error que cometió el presidente Uribe fue permitir que se revelara tan pronto y de manera tan coloquial la información encontrada en los computadores de Reyes. Un buen concejo de la diplomacia hubiera pedido prudencia ante tan graves acusaciones y en cambio, tratar de mitigar los incendios provocados por la retórica de Correa. Todo esto, antes de que Chávez aprovechase la oportunidad –el papayaso del año- de manipular a Correa para lograr una escalada en el conflicto. Chávez por su parte, viola de nuevo el principio de no intervención en asuntos internos y decidió volver el problema de Ecuador como suyo, amenazando directamente no sólo al gobierno sino a toda la población civil colombiana con sus aviones de alta tecnología y misiles comprados con plata del petróleo.
Una vez más, nunca antes las relaciones internacionales estuvieron más tensas: ya se había visto a embajadores llamados a consultas, pero nunca se habían roto relaciones diplomáticas con países hermanos, es más, con ningún país se habían roto relaciones diplomáticas. Primero vino Ecuador, el único que tiene razón y fundamentos para haber tomado tan radical decisión pues sí se violó la soberanía del Ecuador al haber ingresado la fuerza pública a su territorio. Luego vino Chávez con sus gravísimas amenazas públicas realizadas en su programa diario Aló Presidente, advirtiendo con cinismo al presidente Uribe mostrando su potencial militar recién adquirido.
Por último, el más triste gobernante de Latinoamérica: Daniel Ortega. El presidente nicaragüense no pierde oportunidad para atacar la dignidad del pueblo colombiano, metiendo sus narices en asuntos totalmente ajenos a su conocimiento y apoyando siempre, como si se tratara de un mandato, la retórica anti colombiana que ha venido desarrollando Chávez. El presidente nicaragüense rompió relaciones hoy en presencia del mandatario ecuatoriano e hizo graves acusaciones. Tan graves que insultan y degradan la dignidad colombiana pues, toma partido del lado de las FARC y aparte, llamó al ataque al campamento guerrillero un hecho “terrorista”. Que un país de la OEA –o mejor aún, cualquier país- desconozca la legitimidad de la acción anti terrorista de un país democrático en contra de un grupo insurgente es un acto de intromisión en los asuntos internos que deja un sabor bastante amargo. Además, el ignorante sandinista ex guerrillero pidió una condena al Estado colombiano por la violación del fallo de la CIJ en el que recientemente se reiteró la soberanía del pueblo colombiano sobre el archipiélago de San Andrés y Providencia.
Como ya dijo anteriormente en este medio, el presidente Ortega lo único que demuestra es un compañerismo con Chávez y una complicidad con la causa revolucionaria de las FARC, no es extraño que a la muerte del lider guerrillero Reyes se le hayan rendido casi honores por parte del mandatario centroamericano.
Es indignante para el pueblo colombiano –tal y como lo dijo nuestro embajador ante la OEA, Camilo Ospina- que países hermanos le den tratamiento de héroes a terroristas que tanto daño le han hecho al país y a su población. Es hora de llamar a la unión nacional tal como lo ha hecho el presidente Uribe, hacer un llamado a la prudencia y a que se abran todos los canales diplomáticos. Es necesaria la intervención de países neutrales que puedan aportar soluciones viables al presente problema: que logren comprometer a ambos países a combatir a la guerrilla colombiana que se halle en sus respectivos territorios así como a obligar a Colombia a mantener a sus fuerzas armadas dentro de sus límites.
Es necesario perseguir al terrorismo pero no por medio de violaciones al derecho internacional pues de esa manera, terminamos siendo víctimas culpables de nuestras propias acciones. De nuevo, la política de seguridad democrática del presidente Uribe rinde sus frutos al pueblo colombiano que la ha respaldado con más del 80% y ahora de manera casi unánime. Es hora de repudiar la intervención de países ajenos al conflicto como Venezuela y Nicaragua que sólo buscan calmas sus propios egos y desviar la atención de sus propios fracasos internos. Las amenazas de Chávez de nacionalizar empresas colombianas y vender sus participaciones en empresas nacionales no nos deben atemorizar, las relaciones comerciales deben mantenerse pues el país depende históricamente de ambos mercados para sostener la economía y el desarrollo.
Bastante aterrador el panorama, un escenario que pudo haberse prevenido y todo por falta de delicadeza en la diplomacia: en primer lugar, el “despido” de Chávez de su tarea de mediador fue la puerta de salida a una bocanada de insultos que aun no terminan de llover; en segundo lugar, la llamada amiguera del presidente Uribe y la falta de seriedad con la que se comunicó un asunto de tal delicada naturaleza al presidente Correa.
Si tan sólo los ministros no fueran sólo designados a dedo sino por mérito, los colombianos hoy no estaríamos teniendo pesadillas con un conflicto interno que está traspasando fronteras, pasando de ser las víctimas del terrorismo de las FARC a ser terroristas atentando contra las FARC.
Los colombianos deben manifestar su rechazo ante la retórica del presidente Ortega, rechazar su intervención en un asunto totalmente ajeno a su conocimiento y por encima de todo, rechazar su amistar y cercanía con las FARC a quienes no ha dudado en llamar "amigos". Lo mismo debe hacer el país con relación a las acusaciones y el tono del presidente Chávez. Por último, pedir una sincera y comprometida disculpa a Ecuador que permita restablecer las relaciones entre los dos paises.
jueves, 6 de marzo de 2008
domingo, 17 de febrero de 2008
Ortega, un títere resentido
Hemos sido testigos de las ofensas de Chávez y todo parece indicar que la indignación del pueblo colombiano duró poco. Sin embargo, las arremetidas del presidente bolivariano se hacen cada vez más agresivas y el tono subió hasta amenazar con las balas. La conocida guerra armamentista del presidente vecino debería prender todas las alarmas de nuestras fuerzas militares. Sin embargo, la política que ha adoptado el gobierno Uribe ha logrado su objetivo: dejarlo hablando solo. El presidente Chávez, necesita valerse de cualquier pretexto para desviar la atención de los medios –y de paso de su hinchada chavista- de la ya muy difícil situación que se presenta al interior de su propio país.
Es cierto que la rabieta de Chávez se pudo haber evitado con una llamada de Uribe haciéndole conocer su disgusto y la consecuente suspensión de su tarea de mediador. Pero lo que no se explica tan explícitamente es el por qué de los recientes insultos del presidente nicaragüense.
Resulta ser que desde principios de los años ochenta, Ortega llegó al poder por medio de un discurso en el que prometía devolver la soberanía –que nunca ha tenido- sobre el archipiélago colombiano al pueblo nicaragüense. La demanda internacional presentada en contra de Colombia en la que se ponía en entredicho la validez del tratado Esguerra-Barcenas fue interpuesta por el mismo Ortega frente a la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Es decir, lo que el presidente nicaragüense actualmente sufre es un caso agudo de resentimiento por el pronunciamiento de la CIJ en el que se ratifica la validez del tratado firmado en 1928 y el protocolo de 1930.
Como vemos, ambas arremetidas contra el pueblo y el gobierno colombiano se deben al ego de ambos presidentes, que ante la humillación pública se ven en la necesidad de devolverse un poco de dignidad al atacar al presidente Uribe directamente. Adoptando un discurso que probablemente el mismo Chávez escribió, Ortega sale ante los medios con su insignificante retórica, repitiendo las mismas palabras de Chávez, de su diplomacia de machete. No sólo insulta al presidente Uribe con los mismos adjetivos con los que se refiere el mandatario veneco, sino que le manda saludes públicamente a través de los medios –y reproducidos a la vez por todo el mundo- al ignorante de Marulanda, le llama “hermano” y lo alienta a seguir con su revolución. No nos debe preocupar la rabieta del presidente nicaragüense que ya advierte va a seguir por un largo tiempo, por lo menos hasta la próxima instancia de la CIJ donde se resuelva la suerte de cayos aledaños cuya soberanía sí está en disputa.
Del mismo modo, el gobierno colombiano debe mantener su posición de firmeza frente a la soberanía del archipiélago y la calma frente a las agresiones de los vecinos. Claro es, que nuestras fuerzas militares no deben estar buscando nada diferente a combatir la difícil situación de orden interno. Es imperativo que el pueblo, tal como se manifestó el 4 de febrero, se una en un gran acuerdo para despreciar los insultos a la dignidad.
El presidente Chávez ya todo el mundo sabe cómo es, la novedad es Ortega, que se haya convertido en un títere más que le sigue la corriente a Chávez por su propio resentimiento, demuestre el hecho de que es un ignorante que no tiene argumentos y que toda su retórica es producto de la manipulación del presidente bolivariano.
Le pido presidente Ortega, calle su boquita "revolucionaria" que con ella le hace daño sólo al pueblo nicaragüense y su propia autoestima. Chávez por su lado, sólo le auguro un futuro oscuro con el sol en la espalda.
Es cierto que la rabieta de Chávez se pudo haber evitado con una llamada de Uribe haciéndole conocer su disgusto y la consecuente suspensión de su tarea de mediador. Pero lo que no se explica tan explícitamente es el por qué de los recientes insultos del presidente nicaragüense.
Resulta ser que desde principios de los años ochenta, Ortega llegó al poder por medio de un discurso en el que prometía devolver la soberanía –que nunca ha tenido- sobre el archipiélago colombiano al pueblo nicaragüense. La demanda internacional presentada en contra de Colombia en la que se ponía en entredicho la validez del tratado Esguerra-Barcenas fue interpuesta por el mismo Ortega frente a la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Es decir, lo que el presidente nicaragüense actualmente sufre es un caso agudo de resentimiento por el pronunciamiento de la CIJ en el que se ratifica la validez del tratado firmado en 1928 y el protocolo de 1930.
Como vemos, ambas arremetidas contra el pueblo y el gobierno colombiano se deben al ego de ambos presidentes, que ante la humillación pública se ven en la necesidad de devolverse un poco de dignidad al atacar al presidente Uribe directamente. Adoptando un discurso que probablemente el mismo Chávez escribió, Ortega sale ante los medios con su insignificante retórica, repitiendo las mismas palabras de Chávez, de su diplomacia de machete. No sólo insulta al presidente Uribe con los mismos adjetivos con los que se refiere el mandatario veneco, sino que le manda saludes públicamente a través de los medios –y reproducidos a la vez por todo el mundo- al ignorante de Marulanda, le llama “hermano” y lo alienta a seguir con su revolución. No nos debe preocupar la rabieta del presidente nicaragüense que ya advierte va a seguir por un largo tiempo, por lo menos hasta la próxima instancia de la CIJ donde se resuelva la suerte de cayos aledaños cuya soberanía sí está en disputa.
Del mismo modo, el gobierno colombiano debe mantener su posición de firmeza frente a la soberanía del archipiélago y la calma frente a las agresiones de los vecinos. Claro es, que nuestras fuerzas militares no deben estar buscando nada diferente a combatir la difícil situación de orden interno. Es imperativo que el pueblo, tal como se manifestó el 4 de febrero, se una en un gran acuerdo para despreciar los insultos a la dignidad.
El presidente Chávez ya todo el mundo sabe cómo es, la novedad es Ortega, que se haya convertido en un títere más que le sigue la corriente a Chávez por su propio resentimiento, demuestre el hecho de que es un ignorante que no tiene argumentos y que toda su retórica es producto de la manipulación del presidente bolivariano.
Le pido presidente Ortega, calle su boquita "revolucionaria" que con ella le hace daño sólo al pueblo nicaragüense y su propia autoestima. Chávez por su lado, sólo le auguro un futuro oscuro con el sol en la espalda.
domingo, 13 de mayo de 2007
La mala patria que imagina Vallejo
"Que quede claro: esa mala patria de Colombia ya no es la mía y no quiero volver a saber de ella. Lo que me reste de vida lo quiero vivir en México y aquí me pienso morir"
Así renunció a su nacionalidad colombiana el irreverente Vallejo. ¿Qué busca? Para muchos no es de sorprenderse esta nueva hazaña del autor de la ‘Virgen de los sicarios’. En mi opinión personal lo que busca Vallejo es trascender de su ínfima fama y tratar de aparecer en uno que otro titular de las noticias. Explica en su comunicado que el país del divino niño le cerró siempre las puertas a sus aspiraciones “para que me ganara la vida de una forma decente que no fuera en el Gobierno ni en la política, a los que desprecio, y me puso a dormir en la calle, tapándome con periódicos y junto a los desarrapados de la Carrera Séptima y a los perros abandonados, que desde entonces considero mis hermanos”. También aduce el casi popular escritor, que no pudo ser director de cine por que la patria no se lo permitió. Y ¡qué razón de peso la que da! ¡Si no se convirtió en director de cine fue por su propia culpa y su falta de talento! A decir verdad, no le creo su irreverencia. Sus controversiales escritos lo único que pretenden es generar impresión y disgusto a corto plazo y no un impacto real en el lector. Leer sus artículos tristemente publicados por SoHo es toda una odisea tortuosa. Leer a Vallejo es casi lo mismo que ver un ejemplar de Condorito o peor aún leer los horóscopos que El Tiempo publica.
Pienso que los verdaderos móviles de Vallejo son la fama y el dinero. Quiere pasar a la historia por haber sido irreverente, sin serlo en realidad. Lo triste de esto es que lo hizo para ‘agrandar’ su fama. Este mal llamado irreverente a quien le dan más importancia de la que merece se ensució el nombre de nuestra amada patria. Se ve en su débil espíritu –el de Vallejo- la pasividad que acompaña su verdadero ser. De ser así de irreverente como se dice que es, se quedaría acá para luchar; el cobarde salió hace 36 años de Colombia. Me causa una extrema tristeza y una indescriptible rabia que este escritor de 2 estrellas y cuya obra se ha visto bien retratada en la estúpida y tristemente pobre película de ‘La virgen de los sicarios’, use nuestro país para que en un par de años cuando su muerte alegre a gran cantidad de lectores, se anuncie en Wikipedia que de estúpido renunció a la Patria que lo vio nacer.
De nuevo, esto no se trata de un hecho aislado. De hecho, El Tiempo en su versión dominical informa que más de 2000 personas renunciaron a nuestra adorada patria en los últimos años. Es en las manos de los colombianos que está el futuro de nuestra patria. La opinión colectiva debe rechazar este tipo de actuaciones que sin aportar al debate, por el contrario empeoran la situación y reflejan el descontento y la poca convicción que tienen los nacionales por ayudar a un país en crisis. La sangre derramada en nuestra tierra debe servir para algo; nos deben nacer las ganas de ayudar al país y no huir como el cobarde e ‘irreverente’ de Vallejo.
Así renunció a su nacionalidad colombiana el irreverente Vallejo. ¿Qué busca? Para muchos no es de sorprenderse esta nueva hazaña del autor de la ‘Virgen de los sicarios’. En mi opinión personal lo que busca Vallejo es trascender de su ínfima fama y tratar de aparecer en uno que otro titular de las noticias. Explica en su comunicado que el país del divino niño le cerró siempre las puertas a sus aspiraciones “para que me ganara la vida de una forma decente que no fuera en el Gobierno ni en la política, a los que desprecio, y me puso a dormir en la calle, tapándome con periódicos y junto a los desarrapados de la Carrera Séptima y a los perros abandonados, que desde entonces considero mis hermanos”. También aduce el casi popular escritor, que no pudo ser director de cine por que la patria no se lo permitió. Y ¡qué razón de peso la que da! ¡Si no se convirtió en director de cine fue por su propia culpa y su falta de talento! A decir verdad, no le creo su irreverencia. Sus controversiales escritos lo único que pretenden es generar impresión y disgusto a corto plazo y no un impacto real en el lector. Leer sus artículos tristemente publicados por SoHo es toda una odisea tortuosa. Leer a Vallejo es casi lo mismo que ver un ejemplar de Condorito o peor aún leer los horóscopos que El Tiempo publica.
Pienso que los verdaderos móviles de Vallejo son la fama y el dinero. Quiere pasar a la historia por haber sido irreverente, sin serlo en realidad. Lo triste de esto es que lo hizo para ‘agrandar’ su fama. Este mal llamado irreverente a quien le dan más importancia de la que merece se ensució el nombre de nuestra amada patria. Se ve en su débil espíritu –el de Vallejo- la pasividad que acompaña su verdadero ser. De ser así de irreverente como se dice que es, se quedaría acá para luchar; el cobarde salió hace 36 años de Colombia. Me causa una extrema tristeza y una indescriptible rabia que este escritor de 2 estrellas y cuya obra se ha visto bien retratada en la estúpida y tristemente pobre película de ‘La virgen de los sicarios’, use nuestro país para que en un par de años cuando su muerte alegre a gran cantidad de lectores, se anuncie en Wikipedia que de estúpido renunció a la Patria que lo vio nacer.
De nuevo, esto no se trata de un hecho aislado. De hecho, El Tiempo en su versión dominical informa que más de 2000 personas renunciaron a nuestra adorada patria en los últimos años. Es en las manos de los colombianos que está el futuro de nuestra patria. La opinión colectiva debe rechazar este tipo de actuaciones que sin aportar al debate, por el contrario empeoran la situación y reflejan el descontento y la poca convicción que tienen los nacionales por ayudar a un país en crisis. La sangre derramada en nuestra tierra debe servir para algo; nos deben nacer las ganas de ayudar al país y no huir como el cobarde e ‘irreverente’ de Vallejo.
miércoles, 2 de mayo de 2007
A propósito de la visita del Presidente Uribe a Washington.
Hoy en su visita de dos días a Washington el Presidente Uribe fue muy bien recibido por su homólogo –y de paso el Presidente menos popular de toda América- George W. Bush en un encuentro que fue el abrebocas de una larga jornada que Uribe realizará con el fin de buscar el apoyo frente a la aprobación del TLC bilateral.
El duro día del Presidente Uribe también incluyó una débil manifestación que ofrecieron unos cuantos mojigatos afuera del Centro Americano para Progreso. Como se acostumbra, nuestro honorable Presidente Uribe decidió enfrentarlos para ver si sus críticas tenían algo de fundamento pues alegaban la muerte de centenares de sindicalistas desde principio de la década de 1991. Al preguntársele, los infames manifestantes no tenían la menor idea de lo que estaban hablando. Parece ser que una vez más la oposición internacional habla sin fundamento. Es el deber del gobierno y del país entero, hacer saber cuál es la realidad que vive nuestro país ensangrentado por la violencia de una minoría.
No es la primera vez que pasa, sucedió la semana pasada también en el fallido encuentro con el cuasipolítico-actor de Gore. Lo mismo sucede con cientos de ONG internacionales que dicen apoyar la causa ‘revolucionaria’ de las FARC y mostrar un retrato del Ché, pensando que están de acuerdo con su filosofía por que se vieron “Motorcycle Diaries”. Hace unas semanas apareció un video de una importante ONG que pretendía explicar la tragedia del conflicto armado a través de caricaturas para que los ignorantes de la comunidad internacional ‘entendieran’ lo que de verdad estaba pasando en el país. Estas agresiones que pasan impunes, aunque no directamente si generan en el grueso de la comunidad internacional un pensamiento aun más negativo del que se tiene sobre los colombianos. Al fin de cuentas, la verdad es que la comunidad internacional sigue hablando sin conocimiento de causa.
Es necesario crear conciencia; el gobierno colombiano no es el malo de esta película como algunos pretenden mostrarlo, como dijo nuestro Presidente hoy nunca se quejaron del paramilitarismo pero se quejan del gobierno que lo está eliminando. Hay que entender que el paramilitarismo se coló en todas las esferas de la sociedad y que el camino que queda por delante es aún más largo que el no concluido proceso 8000. Esperemos que no quede aún más la impunidad en todos los crímenes que quedan por resolverse.
sábado, 10 de marzo de 2007
El país del soborno
Cada vez son más frecuentes las requisas sorpresa. Con excusas –como al visita del tejano más odiado del mundo a la capital del parapaís- o la simple perpetuación sin excusa de nuestro Estado de excepción -antiguo Estado de sitio-. Estos pequeños allanamientos que los policías y soldados realizan en las calles de manera aleatoria se pueden volver en un real abuso de la fuerza de los agentes de la fuerza pública y en una descarada vulneración de nuestros derecho y lo que es peor aun, un incumplimiento por parte de los ciudadanos de los deberes que de la Carta política se desprenden.
Se pregunta entonces uno; ¿tengo cara de criminal? ¿Qué hice mal? Nada; es la respuesta más frecuente. Pero lo que más inquieta es la manera en que los agentes de la fuerza pública se aproximan a su objetivo. Lo detectan a metros. Luego, solicitan todos los documentos. Los revisan minuciosamente mientras realizan las preguntas de “rutina” que suelen hacer a los indefensos transeúntes que caen en la desgracia de ser detenidos por la fuerza pública.
Esta es mi manera de verlo; si me paran pago. Es así de fácil; de una u otra manera van a conseguir algo que les permita extorsionar a su víctima a la vez que lanzan cohetes verbales en donde amenazan con retenerlo o peor aún condenarlo a la vivencia de una verdadera pesadilla que podría transformar hasta el espíritu más maligno; la UPJ. Este temido pero efectivo sistema de retención temporal es el mecanismo usado por excelencia por la fuerza pública para aumentar su paga a costas del bolsillo ciudadano. Es necesario hacer un llamado a la ciudadanía; es mucho menor el castigo que puede recibir un ciudadano que tiene un papel vencido –o que no lo tiene- al que se le impone a un agente de la fuerza pública que se le encuentra acusado por extorsión.
El soborno es una práctica ilegal que debe ser repudiada por la ciudadanía no patrocinada. Es verdad que es una manera fácil de salir del problema; hay que cambiar esa mentalidad –típicamente colombiana a decir verdad- que lo único que logra es una solución temporal que agrava el problema a medida que la gente la adopta como costumbre. No es difícil encontrar a una persona que haya sobornado; o peor aún alguien que no sepa cómo hacerlo. Ojo, este no es un indicio de ser una buena persona, debería ser todo lo contrario; no saber sobornar es un indicio –sino prueba- de ser una buena persona. Es nuestro deber como ciudadanos contribuir a que se fortalezca la fuerza publica y al sobornar lo que se hace es debilitarla. Se fracturan los cimientos de la responsabilidad de la fuerza pública y se pone en duda su claridad. Este es un momento en que las instituciones pasan por el más grave problema de claridad. Por primera vez el Estado aceptó sus crímenes en contra de la UP, no es momento para que salgan a la luz más cosas que afecten a las instituciones y si queremos –como país- fortalecer la fuerza y poder confiar en ella; toca empezar por casa. Lo repito; el esfuerzo empieza por casa, no sobornar es una cuestión de sentido común que no se puede ignorar.
Denunciar el soborno es una manera de fortalecer nuestra democracia.
Se pregunta entonces uno; ¿tengo cara de criminal? ¿Qué hice mal? Nada; es la respuesta más frecuente. Pero lo que más inquieta es la manera en que los agentes de la fuerza pública se aproximan a su objetivo. Lo detectan a metros. Luego, solicitan todos los documentos. Los revisan minuciosamente mientras realizan las preguntas de “rutina” que suelen hacer a los indefensos transeúntes que caen en la desgracia de ser detenidos por la fuerza pública.
Esta es mi manera de verlo; si me paran pago. Es así de fácil; de una u otra manera van a conseguir algo que les permita extorsionar a su víctima a la vez que lanzan cohetes verbales en donde amenazan con retenerlo o peor aún condenarlo a la vivencia de una verdadera pesadilla que podría transformar hasta el espíritu más maligno; la UPJ. Este temido pero efectivo sistema de retención temporal es el mecanismo usado por excelencia por la fuerza pública para aumentar su paga a costas del bolsillo ciudadano. Es necesario hacer un llamado a la ciudadanía; es mucho menor el castigo que puede recibir un ciudadano que tiene un papel vencido –o que no lo tiene- al que se le impone a un agente de la fuerza pública que se le encuentra acusado por extorsión.
El soborno es una práctica ilegal que debe ser repudiada por la ciudadanía no patrocinada. Es verdad que es una manera fácil de salir del problema; hay que cambiar esa mentalidad –típicamente colombiana a decir verdad- que lo único que logra es una solución temporal que agrava el problema a medida que la gente la adopta como costumbre. No es difícil encontrar a una persona que haya sobornado; o peor aún alguien que no sepa cómo hacerlo. Ojo, este no es un indicio de ser una buena persona, debería ser todo lo contrario; no saber sobornar es un indicio –sino prueba- de ser una buena persona. Es nuestro deber como ciudadanos contribuir a que se fortalezca la fuerza publica y al sobornar lo que se hace es debilitarla. Se fracturan los cimientos de la responsabilidad de la fuerza pública y se pone en duda su claridad. Este es un momento en que las instituciones pasan por el más grave problema de claridad. Por primera vez el Estado aceptó sus crímenes en contra de la UP, no es momento para que salgan a la luz más cosas que afecten a las instituciones y si queremos –como país- fortalecer la fuerza y poder confiar en ella; toca empezar por casa. Lo repito; el esfuerzo empieza por casa, no sobornar es una cuestión de sentido común que no se puede ignorar.
Denunciar el soborno es una manera de fortalecer nuestra democracia.
miércoles, 28 de febrero de 2007
Uribismo vs. Oposición
Sin lugar a dudas, la situación política del momento debería inquietar a todo ciudadano. La democracia se ve vulnerada en el momento en que se insultan entre ministros y senadores en los recintos del Congreso. Está claro que el país atraviesa una tremenda crisis de institucionalidad. Por un lado, la oposición afirma que no se trata de la “para-política” sino del “para-uribismo” y que pensar en la revocatoria del Congreso está fuera de pregunta; y el argumento es válido –no tiene por qué revocarse la totalidad del Congreso si sólo la bancada uribista y algunos otros parlamentarios han sido sindicados de graves delitos-. La oposición se ha sabido cuidar de los ataques del Presidente; que con grandes gritos y demostrando su tremendo carácter ha vociferado a todos aquellos que han sido lo suficientemente atrevidos como para contrariarlo. En segundo lugar, los ataques del Presidente a la oposición –que no se saben si son por estrategia o por rabietas- y los graves encuentros que tuvieron ayer los Ministros de Protección Social y de Agricultura con el Senador Robledo, muestran el evidente distanciamiento entre Gobierno y partidos políticos de la oposición. La agenda legislativa se ha visto gravemente afectada –sólo ayer se suspendió la sesión de la Comisión Segunda de Cámara y Senado-, dejando un TLC a medio firmar y sin esperanzas de que termine pronto. La firma del TLC cada vez se ve más lejana; pues a medida que el Gobierno puja para que pase las sesiones del Senado, la oposición se empeñará –como dijo el partido liberal- en votar contra la totalidad del mismo.
Si volteamos el panorama es igual de desolador. La bancada uribista se ve cada día en más y más aprietos; parlamentarios arrestados, otros sindicados y otro tanto investigados. Debería ser una situación inquietante que debería estar en boca de todo colombiano; pero no es así. La popularidad del Presidente Uribe sigue por encime del 70% como si no hubiese pasado nunca nada. No se trata de señalar al Presidente Uribe como culpable de cuanto delito han cometido miembros de su bancada; pero sí da pie para que se pregunten muchas cosas. Estipular está de más. Pero sí son muchos los indicios que apuntan hacia el Presidente Uribe. Sólo esperemos que la justicia realice su trabajo y que el señor Presidente no salga por la puerta de atrás del Palacio.
Si volteamos el panorama es igual de desolador. La bancada uribista se ve cada día en más y más aprietos; parlamentarios arrestados, otros sindicados y otro tanto investigados. Debería ser una situación inquietante que debería estar en boca de todo colombiano; pero no es así. La popularidad del Presidente Uribe sigue por encime del 70% como si no hubiese pasado nunca nada. No se trata de señalar al Presidente Uribe como culpable de cuanto delito han cometido miembros de su bancada; pero sí da pie para que se pregunten muchas cosas. Estipular está de más. Pero sí son muchos los indicios que apuntan hacia el Presidente Uribe. Sólo esperemos que la justicia realice su trabajo y que el señor Presidente no salga por la puerta de atrás del Palacio.
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